¿Por qué somos del Glorioso?
El niño caminaba con su padre de espaldas a la cámara y le preguntaba. '¿Papá, por qué somos del Atleti?' El célebre anuncio compendiaba en una simple interrogación la filosofía fatalista de un club que vive pegado con 'loctite' en el corazón de sus seguidores.
Muchas veces me he interrogado cómo es que somos del Glorioso habiendo tantos clubes con mayor oropel.
Cada aficionado del Deportivo Alavés hallará una respuesta interna. Yo vivía muy cerca de Mendizorroza y entre los más gratos recuerdos que guardo de mi padre emergen los dos domingos mensuales durante doce años para ver a nuestro equipo. Muchos partidos de Tercera cuando la Segunda B no existía, visitas del Calvo Sotelo de Puertollano o de la Cultural y Deportiva Leonesa. Pero también aquel ascenso a Primera que era nuestro e inexplicablemente se fugó para un plantel sobresaliente donde se alineaban Morgado, Señor, Valdano y Badiola.
O la estocada de los ochenta que dio con los huesos quebradizos del conjunto albiazul en Tercera por la vergüenza de los impagos y el peregrinaje degradante a campos de arena en matinales de derrota. Pero también la era celestial con Mané y Antón al frente donde le tuteamos al Liverpool a base de arrojo y desvergüenza, hasta el punto de claudicar sólo con un gol en propia puerta. Aquella noche de Dortmund marcamos cinco, lástima que nos equivocáramos de marco.
Luego, la ignominia de Piterman que dejó la casa hecha un vertedero y rebajó la condición del Glorioso a motivo de chascarrillos lamentables. El ucraniano metió un espadazo en el hoyo de las agujas a un toro moribundo que hubo de recurrir a leyes indeseables para administrarse el oxígeno que se le escapaba por la herida. El torniquete de urgencia ha contenido una hemorragia que aún mana y no podemos dejar reproducir.
Ya sé que la cosita está muy mala, pero también que de peores hemos salido, que hemos cumplido 88 años desde que aquellos pioneros vistieron nuestros colores con prendas más bastas. No se ha perdido todo. Los clubes fatalistas como el nuestro también relatan su historia con fulgores esporádicos. Nos queda un orgullo, un escudo y la conciencia de un factor diferencial. Somos albiazules, mientras que a otros conjuntos de igual equipaje se les llama blanquiazules.
sábado, 13 de junio de 2009
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