Un poco de historia
Las palomas observan el islote. (Foto: C. F.)¿Qué hacemos con Alcatraz?
CARLOS FRESNEDA desde San Francisco
"¿Qué hacemos con Alcatraz?", parecen preguntarse las palomas, mirando a lo lejos el rocoso islote. Allá se distinguen aún los muros y las rejas de la funesta prisión, acechada por cientos de cuervos, gaviotas y turistas, atraídos por la leyenda negra que aún empaña la bahía de San Francisco.
CARLOS FRESNEDA desde San Francisco
"¿Qué hacemos con Alcatraz?", parecen preguntarse las palomas, mirando a lo lejos el rocoso islote. Allá se distinguen aún los muros y las rejas de la funesta prisión, acechada por cientos de cuervos, gaviotas y turistas, atraídos por la leyenda negra que aún empaña la bahía de San Francisco.
A un puñado de ciudadanos bienintencionados, arropados por la Global Peace Foundation, se les ocurrió proponer el derribo de la penitenciaría y la construcción de una gran Cúpula de la Paz. Se trataba de cambiarle el karma a la bahía y de convertir el lugar en centro de meditación y peregrinación mundial.
Pero pinchó la paloma. El 72% de los vecinos de San Francisco ha votado abrumadoramente contra la propuesta y sólo el 28% ha respaldado la idea de acabar con la mala fama del islote, históricamente asociado con Al Capone y con lo más indeseable de la era del crimen.
Alcatraz seguirá pues como hasta ahora: atracadero de hampones, aves de dudoso agüero y visitantes ávidos de carnaza. Los barcos zarpan cada hora del herrumbroso muelle 33, mientras las palomas miran con anhelo la tierra prohibida, descubierta por Juan Manuel de Ayala en 1775 (y bautizada desde entonces como la Isla de los Alcatraces).
Considerado como el centinela natural de la bahía, el islote fue primero fortín y después prisión militar, al estilo Guantánamo, antes de convertirse en mazmorra inexpugnable. Treinta y seis presos intentaron escaparse, pero ninguno logró rematar la faena. El intento más sonoro fue el de 1946, conocido como la Batalla de Alcatraz, que se saldó con dos guardas y tres presos muertos. Aunque la fuga por excelencia fue la de Frank Morris y sus secuaces en 1962, inmortalizada por Clint Eastwood en el cine.
Burt Lancaster dio también vida a otro de los grandes mitos de Alcatraz, Robert Stroud, el hombre pájaro. Su fama como adiestrador de canarios y especialista en las enfermedades de las aves superó con creces a la del solitario asesino. Cerraron la prisión en 1963, pero Stroud siguió enjaulado hasta el fin de sus días.
En 1969 abordaron el islote cientos de indios, reclamando la autodeterminación y el respeto a su cultura. Diecinueve meses duró el sueño nativo. El islote volvió a manos del hombre blanco, pero la ocupación dejó una haz de luz en la espléndida bahía, con el Golden Gate marcando la línea roja del horizonte.
Hagan lo que hagan con Alcatraz, la libertad seguirá volando todos los días con nombre de pájaro, a elegir entre el largo centenar de aves de paso: alcatraces, comoranes, pelícanos, garzas, colimbos...

Un cartel del complejo carcelario. (Foto: C. F.)
Fuente: www.elmundo.es (Crónicas desde EEUU)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario