Caza de brujas en la fórmula 1
La FIA ensucia a De la Rosa y Alonso
Hace público su cruce de correos electrónicos y ratifica que los pilotos conocían información confidencial de la escudería Ferrari
15.09.07 - JOSÉ CARLOS CARABIAS
Provistos de un don especial para que la fiesta no decaiga, las gentes de la Fórmula 1 brindan un espectáculo cada día. A la tremenda sanción a McLaren (72 millones de euros y pérdida de todos los puntos del Mundial de constructores) siguió ayer la transcripción de la Federación Internacional (FIA) del elemento más morboso, que no definitivo, de la historia de espionaje. El contenido de los correos electrónicos que se cruzaron Pedro Martínez de la Rosa y Fernando Alonso a propósito de informaciones provenientes de su rival, Ferrari. Un 'e-mail' de De la Rosa ha desencadenado otra tormenta: «Toda la información de Ferrari es muy fiable. Procede de Nigel Stepney, su ex jefe de mecánicos».
Hace público su cruce de correos electrónicos y ratifica que los pilotos conocían información confidencial de la escudería Ferrari
15.09.07 - JOSÉ CARLOS CARABIAS
Provistos de un don especial para que la fiesta no decaiga, las gentes de la Fórmula 1 brindan un espectáculo cada día. A la tremenda sanción a McLaren (72 millones de euros y pérdida de todos los puntos del Mundial de constructores) siguió ayer la transcripción de la Federación Internacional (FIA) del elemento más morboso, que no definitivo, de la historia de espionaje. El contenido de los correos electrónicos que se cruzaron Pedro Martínez de la Rosa y Fernando Alonso a propósito de informaciones provenientes de su rival, Ferrari. Un 'e-mail' de De la Rosa ha desencadenado otra tormenta: «Toda la información de Ferrari es muy fiable. Procede de Nigel Stepney, su ex jefe de mecánicos».
Coughlan y Stepney son la piedra angular de una historia vieja en el automovilismo. El espionaje industrial ha existido, existe y existirá. El dopaje en la Fórmula 1 está en los entresijos de los coches. Y el caso que nos ocupa sólo es uno más en la historia de este deporte, que ha aceptado como consustancial a su naturaleza el trasvase de información confidencial. Y como en toda decisión política, la FIA intervino por una lucha de egos. La mayoría del 'paddock' acepta como desencadenante de esta historia la disputa personal entre Max Mosley, presidente de la FIA, y Ron Dennis, presidente de McLaren.
La FIA solicitó la colaboración de Alonso, Hamilton y De la Rosa para seguir el hilo argumental de un escándalo originado en una fotocopiadora. Los españoles lo hicieron, a costa de quedar marcados ante la opinión pública como delatores. Hamilton no lo hizo. Argumentó que tenía problemas con Internet. Y en el comunicado de catorce páginas que ayer hizo público, la FIA explica que su rechazo a cooperar tendría «serias consecuencias» por lo que respecta a la licencia de pilotos. Y en las conclusiones razona que «los 'e-mails' muestran inequívocamente que tanto Alonso como De la Rosa recibieron información confidencial de Ferrari vía Coughlan». Hamilton no colaboró, pero mantiene su licencia. Tiene una flor. De la Rosa y Alonso lo hicieron y la FIA ensució ayer su imagen.
«Hola Mike: ¿Sabes cuál es el reparto de pesos de los coches rojos? Sería importante para nosotros saberlo para que podamos probar en el simulador. Gracias de antemano. Pedro», cuenta la FIA que De la Rosa escribió a Coughlan el 21 de marzo de 2007 a las 09.57. La FIA no enseña, sin embargo, la respuesta del ex ingeniero espía de McLaren, sino la contestación de Alonso. «Su reparto de pesos me sorprende; no sé si es fiable al 100%, pero al menos me llama la atención».
Días después, el 25 de marzo, De la Rosa responde: «Toda la información de Ferrari es muy fiable. Procede de Nigel Stepney, su ex jefe de mecánicos. Ahora no sé qué puesto tiene. Es la misma persona que nos dijo en Australia que Kimi -Raikkonen- iba a parar en la vuelta 18. Es muy amigo de Mike Coughlan, nuestro jefe de diseño, y se lo ha dicho». En esa fecha, 25 de marzo, todavía no se había desencadenado el escándalo.
La FIA reproduce otras conversaciones entre Alonso y De la Rosa -ninguna de Hamilton, tampoco de Stepney o Coughlan- en torno a un misterioso gas que usa Ferrari para inflar sus neumáticos, el sistema de frenos o las estrategias en los repostajes. Habituales conversaciones sobre los adversarios en el mundo de la F-1.
El máximo organismo mundial mantiene que Coughlan y Stepney se cruzaron al menos 288 mensajes SMS y 34 llamadas telefónicas entre el 11 de marzo y el 3 de julio de 2007. Y que la información secreta llegó a los pilotos de McLaren, se supone que incluido Hamilton. Alonso y De la Rosa no han sido sancionados por prestar colaboración al esclarecimiento del caso.

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